FanficCamille

Camille estaba sentada en el poyo de una calle, en frente de una tienda en la que vendían típicos pasteles de Piltover. Se encontraba en una zona céntrica, donde la burguesía de la ciudad solía pasear. De repente, la sobra de acero, se percató de una sombra extraña al fondo de la larga calle. Simplemente con la forma de su silueta, pudo deducir que esa persona no era hija de Piltover, más bien, por el tipo de joroba que dicha silueta presentaba, un zaunita. ¿Cómo un ciudadano de Zaun podía siquiera haber llegado a la zona más céntrica de la urbe sin haber sido detenido? La predilecta del clan Ferros, desplegó sus ganchos hextech, ascendiendo hasta la azotea del bello y barroco edificio frente al que se encontraba. Desde allí, recorrió ágilmente la calle, de tejado en tejado, hasta finalmente posicionarse en la arquitectura cercana a la silueta, todo ello, sin ser divisada. Pudiendo ver ya con mayor claridad a su objetivo, Camille lo tenía claro: por el tipo de implantes y vestimentas, era un seguidor de Urgot. "Otro pánfilo de esa masa grotesca de grasa y chatarra"-pensó. Teniendo en cuenta el paradero desconocido de Urgot tras el enfrentamiento con las agentes de Piltover, Camille decidió no intervenir y seguir al sujeto. Mientras saltaba de tejado en tejado en pro del descubrimiento de la intención del zaunita, Camille pensaba para sus adentros: "Menudas las del dueto, parece ser que esas inútiles crías no supieron actuar con eficacia. No sé de qué me extraño a estas alturas, la innecesaria pareja, hace lo posible por conseguir una medalla más." La señorita de gris, despreciaba a la policía oficial casi tanto como a los zaunitas, pues para ella, no reflejaban la personalidad implacable de la ciudad del progreso. Entra tantas y otras reflexiones, Camille se notificó de que dicho zaunita se encontraba justo al lado de su Palacio. ¡No podía ser! el simple hecho de que una persona de esa calaña hubiese tenido la oportunidad de situarse frente al espléndido edificio del clan Ferros provocaba en Camille una náusea, una ira tan incontenible que su ceño se frunció y su mandíbula se apretó con expresión de asco. El seguidor de Urgot, mediante un novísimo invento tecnológico, abrió la puerta del Palacio Ferros, suprimiendo todas las defensas hextech. Al entrar, liberó unos robots mecánicos en forma de cucaracha, las cuales pronto durmieron a todo el personal del lugar al inyectar un potente somnífero con su mordedura. Pasó el amplio recibidor, manteniéndose en la planta baja dejando una carga explosiva en cada una de las estancias. Finalmente, tras su laberíntico paseo por la primera planta, llegó hasta un patio interior, delineado por columnas corintias y jónicas, y decorado con bustos, estatuas, fuentes y gran vegetación. El criminal, decidió adentrarse en el interior del patio para poner otra bomba. Configuró el explosivo, y al darse la vuelta, se encontró con una elegante figura, recostada sobre una chaise longue y manteniendo una copa de vino. -¿Qué pretendes pajarillo? -Dijo Camille tras dar un trago a su copa. El brazo mecánico del intruso se convirtió en una ametralladora que de manera inmediata empezó a disparar hacia la señora de Ferros. Cuando los disparos cesaron, se formo tal nube de humo que no se podía ver más allá de medio metro. Cuando el humo de la artillería se desvaneció, el zaunita se encontró con la figura de Camille, más cercana y con un escucho hextech activado, sin un rasguño. No se dio cuenta y la dama de gris ya había cortado cada una de sus extremidades con sus pierna-cuchillas, tanto las que eran humanas como las que eran robot. El hombre, inválido y aterrado, no hacía más que chillar. -Te doy medio minuto para que reptes y llegues hasta el pulsador de los explosivos que llevabas insertado en tu brazo, si esque quieres pulsarlo con tu nariz y deshacerte de mi. -Dijo Camille con sarcasmo. El inocente, empezó a intentar reptar. Inmediatamente, Camille cortó su nariz. -Necio.. Pretender volar mi propia casa... Aunque la verdad he de felicitarte por lo lejos que has llegado.- Sentenció Camille -¡Mátame! Mátame por favor, ¡acaba con mi vida! - Exclamó el inválido. -¿Qué?, ¿ahora?. ¿hoy?.-Dijo Camille sonriente. -No vas a morir en bastante tiempo. No al menos hasta que sepa todo. Con suerte, podrás ver cómo quemo hasta los cimientos la mitad de Zaun y la mugrienta guarida de tu señor. Cuando Camille terminó de hablar, llegaron unos escoltas de la familia y arrestaron lo que quedaba del zaunito, llevándolo hasta unas mazmorras en la parte subterránea del Palacio. ------------------------------------------------------------------>Continuará.
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